En apenas 72 horas volveremos a cruzar el charco. Desde pequeño siempre había soñado con visitar esa ciudad. Afortunadamente, hay veces que en la vida llega un momento en que los sueños de la infancia se llenan de verosimilitud, pasan a ser posibles y es entonces cuando no los puedes dejar escapar, por ti mismo, pero sobretodo por aquellos que no han podido cumplirlos.
Los que ya nos conocemos, también conocemos nuestra manera de hacer las cosas. Normalmente, una casa se empieza por los cimientos. Una buena preparación te proporciona más posibilidades de éxito. En nuestro mundo friki, sin embargo, esta lógica no funciona o no es aplicable. Cuando uno quiere llevar a cabo una monumental tontería, no puede buscar planificación; tiene que tirarse a la piscina.
Así pues, asumiendo el Madison Square Garden como la meca eltoniana por excelencia y viendo que los años pasaban y nuestro ídolo amenazaba constantemente (lo lleva haciendo desde los años 70) con su retirada, decidimos que 2005 iba a ser el año en que por fin nos íbamos a dar el chapuzón y a conquistar América por la puerta grande. No sabíamos cómo íbamos a hacerlo, pero lo cierto es que conseguimos aquellas míticas entradas para septiembre y a partir de ahí debíamos conseguir que las estrellas se alinearan (o que Dios nos asistiera, para no herir determinadas sensibilidades), para hacer posible nuestra presencia en el que prometía ser, si no el más, uno de los conciertos más emotivos de nuestras vidas.
Davey Johnstone, la noche del 24 de septiembre de 2005
Elton John firma autógrafos al final del concierto
Aunque, por supuesto, no es aquel concierto lo único que ha quedado grabado en nuestras memorias. Cualquier expectativa antes de visitar Nueva York queda desbordada por la realidad. La magia de esa ciudad, de su amalgama de gentes, el sentirse parte de ese cúmulo de pequeñas historias que parecen inconexas, pero que en la hora de la verdad comparten un mismo destino, es algo que no puede explicarse con palabras. Un lugar donde poder estar a miles de kilómetros de tu hogar y sentirte como en casa. Desayunar en Central Park, mirar al cielo recortado de Manhattan, cruzar el Puente de Brooklin o perderte entre el tráfico de Times Square son cosas que no se olvidan fácilmente.

Hoy interrumpo mi estado de hivernación (esto se puede interpretar como una disculpa por mi prolongada ausencia) para dejar constancia de mi pesar, mi lamento, mi afecto y mi cariño.

Para valorar en su justa medida la cuestión, previamente hay que puntualizar dos aspectos diferentes de la misma:

Asi que mientras unos tratan de apuntarse un tanto diciendo que si De Juana Chaos vuelve a comer es porque han luchado duro durante meses por conseguirlo, y mientras otros dicen y van a seguir diciendo que el Gobierno ha cedido una vez más ante el chantaje de ETA y que está vendiendo España (y no sólo Navarra), los que miramos un poco más allá vemos cómo unos y otros han sido derrotados, como unos se han quedado sin un mártir deseado y viendo como otros siguen siendo incapaces de imponer su lógica perversa a un Gobierno que, mal que les pese, gobierna y va a seguir gobernando con la ley en la mano.
Arriba, Portobello Road; debajo, Buckingham Palace
Con ese peso off my back, cogimos el metro en dirección a Buckingham Palace. Su majestad nos espera para el cambio de guardia. En este contexto, tuvo lugar uno de los hechos más excepcionales de la historia de Inglaterra y quizá del mundo: ¿cuántas personas se han comido una Petite ecollier delante del Palacio de Buckingham? Podemos decir que nosotros sí.
Nada como una galleta en casa de la Reina
Había gente que pisaba esto, ¡por Diós!
Dispersados los señoritos de cabeza a lo Marge Simpson, atravesamos los jardines de Sant James, en dirección a Trafalgar Square, donde nos espera la National Gallery. Antes, mientras caminamos por el Princess Diana Memorial Walk, tenemos tiempo de conversar con un grupo de simpáticas ardillas que, lejos de asustarse, se acercan al viajero sin ningún tipo de pudor, en busca de su preciado botín comestible.
Ni es Banner ni es Flappy
El hambre comeinza a apretar cuando llegamos a Trafalgar Square, así que permito preguntar a uno de los empleados de la National Gallery cuánto tiempo suele tomar ver las colecciones permanentes del edificio. Me responde que aproximadamente unos cinco días, pero que si soy Speedy Gonzales, en tres horas lo podemos hacer perfectamente. Así que mejor nos vamos a comer y volvemos más tarde...
Trafalgar Square y la National Gallery
Esta tarde me he pasado, furtivamente, por la página principal de El Periódico de Catalunya en Internet y me ha llamado ver allí colgado un anuncio a todo color de Dolce & Gabbana. Por un momento he pensado que la izquierda gráfica se había vuelto fashion, pero enseguida me he dado cuenta de que no se trataba de un anuncio publicitario en el sentido más estricto (aunque el efecto sea el mismo o más beneficioso si cabe para la marca), sino que el cartel publicitario en cuestión era protagonista de una noticia:
Y fue en Vilafranca del Penedès, rodeado de niños, en la presentación de un libro con fines benéficos (es decir, en un escenario idóneo para la por muchos esperada y necesaria rectificación, después del desplante del último partido en el Camp Nou, cuando se negó a saltar al terreno de juego), donde la pantera africana sacó sus colmillos, bien afilados, y empezó a desgarrar la estabilidad de un equipo que por fin, después de mucho tiempo, parecía haber recuperado el rumbo correcto.
Me explico: el vestuario está unido, es fuerte, los resultados hace tiempo que acompañan. Todo eso ha permitido que, hoy mismo, con un abrazo y un montón de buenas palabras, el affair quede archivado. Me parece perfecto. Ahora todos podemos pensar en el Valencia, el Liverpool y todos los rivales de nivel que se avecinan en las próximas semanas. Sin embargo, lo hecho, hecho está y nadie lo va a olvidar. Si no se hace algo al respecto, mañana puede ser Ronaldinho (o santi Ezquerro, para el caso me da igual), quien libere una berborrea semejante a la del camerunés y nadie tendrá legitimidad para recriminárselo. Ahora todos miramos hacia delante, pero por el bien del Barça, y a pesar de los pesares, dudo mucho que esto haya terminado aquí. Quizás debamos esperar a final de temporada para conocer el desenlace...
Tras la labor realizada por su Comité Exploratorio, Barack Obama, senador demócrata por Illinois, ha oficializado su candidatura a la presidencia de los Estados Unidos. Es sólo el primer paso, previo al enfrentamiento en elecciones primarias con otros posibles candidatos, espacialmente Hillary Clinton, que parece la favorita. El desgaste de George W. Bush parece haber dejado tocados a los republicanos y algunos medios de comunicación tratan la carrera por la candidatura demócrata como si se tratara de la carrera por la Casa Blanca. Sin embargo, es de suponer que los republicanos se guardaran hasta el último momento el efecto sorpresa de su candidatura, sin olvidar que en la última ocasión también eran muchos quienes pronosticaban la victoria de John Kerry.
Es el momento de hablar del lugar donde nos hemos alojado estos días en Londres. No es el "Degenerator", pero sigue su estela de perdición, desde luego. El lugar se llama "St Christopher's Village" y está situado cerca de la estación de London Bridge, en el sur de la ciudad. Al llegar, todo parece normal. Incluso te atienden de manera agradable en la recepción, mientras justo al lado, en el bar, los hooligans emiten ininterrumpidos alaridos de placer ante el partido de rugby o football de turno.
La noche es difícil. Cuando los zumbidos del aire acondicionado cesan, nuestros vecinos empiezan a golpear las puertas, y todo ello aderezado con un colchón de muelles tamaño industrial que se te incrustan en las costillas. Vamos, lo necesario para un oportuno descanso después de 10 horas pateando Londres.